¡Hola a todos! Es un placer poder estar con todos vosotros una semana más. Ya sé que muchos habreih comenzado a disfrutar de vuestras vacaciones, sin embargo quiero agradecer la presencia de aquellos que podáis dedicar un ratito de vuestro tiempo al mundo blogueril.
Si hacéis memoria, bueno bastante memoria, el año pasado estuve muy atareada con las reformas de la casa que buena falta la hacía. Entre las muchas cosas en las que me embarqué estuvo el cambio de los colores del salón. Después de tantos años estaba un poco harta de los ocres y rojizos. Me apetecían tonos más claros, relajados y frescos como los grises o el color verde agua.
Fiel a mi espíritu "reciclador" transformé mucho de mis adornos, cambiando su color, su ubicación, o como sucedió en este caso, rescatándolos del olvido.
Resulta que esta preciosa cajita que hoy os muestro la pinté ya hace muchos años; sin embargo y aunque el color me encantaba, no encajaba de ningún modo en la decoración que tenía el salón antes de transformarlo; así que la pobre ha estado relegada al olvido durante años, escondida en una triste caja en el garaje. Tanto es así que hasta la había borrado por completo de mi memoria. Sin embargo, el verano pasado y casi por casualidad la encontré; y para mi sorpresa y mayor alegría pude comprobar que encajaba perfectamente con la nueva decoración.
La cajita en cuestión está totalmente pintada a mano en un verde esmeralda un tanto atrevido, que tiene un no sé qué, que qué sé yo, que me encanta. Supongo que no es para todos los públicos, pero lo importante en estas cosas de la decoración, pienso yo, es estar rodeados de objetos con los que nos sintamos a gusto y con los que de algún modo conectemos. No sé si estaréis de acuerdo conmigo, en cualquier caso deseo que el post os haya gustado; y no me extiendo más, que hay que disfrutar de las vacaciones. Muchas gracias por vuestras visitas y por vuestros comentarios. Hasta pronto y nos vemos en el próximo post. Feliz verano a todos.






































